
El campo canario atraviesa un momento delicado debido a la combinación de sequía y calor extremo. La última ola de altas temperaturas, que en algunas zonas superó los 40 grados, ha golpeado con fuerza a los cultivos frutales, provocando pérdidas que alcanzan hasta el 50% en especies como la higuera y reducciones de alrededor del 25% en ciruelas y mangas.
Los pequeños agricultores son los más vulnerables. Muchos solo pueden regar una vez por semana o cada quince días, lo que, sumado a los cambios bruscos de temperatura, provoca la caída prematura de hojas y frutos en árboles como el aguacate o la pera. La situación repercute de forma directa en la facturación, con descensos de hasta el 30% respecto a lo esperado.
La uva se encuentra en un punto crítico. La vendimia ya ha comenzado y el riesgo de deshidratación del fruto preocupa al sector vitivinícola, que advierte de posibles consecuencias en la calidad de los vinos.
Otros cultivos muestran realidades dispares. La papa pudo recogerse antes de la ola de calor, aunque su rentabilidad está condicionada por los bajos precios de venta frente a los altos costes de producción. El plátano, por su parte, acelera su maduración bajo temperaturas extremas, lo que podría generar un exceso de producción y obligar a aplicar la “pica” para retirar parte de la fruta del mercado.
El sector primario reclama garantizar el abastecimiento de agua, especialmente en los meses de verano, para evitar que el calor y la falta de recursos hídricos sigan poniendo en riesgo la viabilidad de los cultivos.