
La riqueza histórica y arquitectónica de Canarias a menudo se esconde bajo el manto del tiempo y, en ocasiones, del olvido. Recientemente, un infortunado incidente en Icod de los Vinos ha puesto de manifiesto la precaria situación de una de sus joyas patrimoniales: la Iglesia de San Felipe Neri. Este suceso no solo dejó daños materiales, sino que actuó como un doloroso recordatorio de la urgente necesidad de proteger y revalorizar nuestro legado cultural.
El pasado 26 de febrero, la tranquilidad de Icod de los Vinos se vio alterada por un accidente de tráfico. Un conductor, bajo los efectos del alcohol, colisionó violentamente contra el antepórtico del histórico templo de San Felipe Neri, afectando también a un vehículo estacionado. La Policía Local procedió a la instrucción de un atestado por un presunto delito contra la seguridad vial, pero el impacto más profundo fue la revelación del estado de abandono que padece esta edificación del siglo XVII.
Los daños sufridos por el alpende —una singular estructura de madera y piedra que funciona como antesala al interior de la iglesia, característica de varios inmuebles eclesiásticos del municipio— evidencian la vulnerabilidad de un patrimonio que merece una atención prioritaria. Este suceso, lejos de ser un mero accidente, se ha convertido en un símbolo del descuido que amenaza piezas fundamentales de nuestra historia.
Raíces Históricas y Arquitectónicas
La Ermita de San Felipe Neri es un magnífico exponente de la arquitectura religiosa tinerfeña del siglo XVII. Fundada en 1651 por el licenciado Gonzalo Báez Borges, tal y como recoge la obra ‘Historia de la ciudad de Icod de los Vinos’, su construcción estuvo ligada a la edificación de la plaza adyacente y al acondicionamiento del camino que conducía a Garachico, una vía entonces de gran tránsito. Su relevancia no solo radica en su antigüedad, sino en su particularidad estructural.
El elemento más distintivo es, sin duda, su alpende o ‘media naranja’, término local con el que los icodenses designan esta peculiar antesala. Esta estructura, que también se encuentra en barrios como San Antonio, El Amparo y La Vega, confiere a la iglesia una identidad arquitectónica única. Además, su valor histórico trasciende lo local, pues, según el sacerdote Marcos Antonio García Luis, se trata de la primera edificación en el mundo dedicada a San Felipe Neri, patrono de Roma, un dato que subraya su importancia global.
Un Pasado de Disputas y Propiedad Privada
A pesar de su innegable valor, la Iglesia de San Felipe Neri no ostenta la catalogación de Bien de Interés Cultural (BIC), una circunstancia que ha marcado su destino. El cronista de Icod de los Vinos, Fernando Díaz Medina, explica que el templo, tras un pleito entre la Diócesis y los mayordomos en el siglo XIX, fue desacralizado y pasó a manos privadas, al igual que todo su mobiliario. Desde entonces, ha tenido diversos propietarios, siendo actualmente propiedad de ciudadanos alemanes.
Esta condición de propiedad privada, sumada a la falta de protección oficial como BIC, ha contribuido a su progresivo deterioro y a la dificultad para implementar medidas de conservación adecuadas. La paradoja de un bien de tan profundo calado histórico y cultural, desprovisto de la salvaguarda institucional, es un reflejo de los desafíos que enfrenta la preservación del patrimonio en muchas localidades.
De forma anecdótica, el entorno de San Felipe Neri y su distintivo alpende fueron protagonistas de un capítulo inesperado en la historia del cine. En 1937, el lugar sirvió como escenario para el rodaje de la película alemana La Habanera, dirigida por Douglas Sirk. Esta cinta, una muestra del cine nazi de la época producida por la UFA, eligió Tenerife como localización para recrear ambientes americanos, evitando así el costoso viaje al continente. El rincón icodense acogió la filmación de una corrida de toros, con la ‘media naranja’ de San Felipe Neri actuando como un palco improvisado para la escena taurina. Un testimonio curioso de cómo este espacio ha sido testigo no solo de la fe, sino también de la cultura y la historia en sus más diversas manifestaciones.
El reciente accidente ha servido como un grito de alerta. La Iglesia de San Felipe Neri, con su arquitectura única, su profunda historia y su conexión con el patrón de Roma, representa un patrimonio que no podemos permitirnos perder. Es imperativo que las autoridades, los propietarios y la sociedad en general tomen conciencia de su valor y trabajen conjuntamente en la búsqueda de soluciones para su conservación.







