
En octubre de 2023, una ola de calor obligó a suspender las clases en Canarias, lo que dejó en evidencia la falta de adaptación de muchos colegios: aulas obsoletas, patios sin sombra y barracones sin condiciones adecuadas. A raíz de aquella situación, Educación puso en marcha un plan específico para afrontar las altas temperaturas en los centros.
La primera fase contempla la instalación de sensores térmicos en 120 colegios públicos del Archipiélago. Estos dispositivos medirán en tiempo real la temperatura, la humedad y los niveles de CO₂, tanto en aulas como en zonas comunes, con el fin de anticiparse a situaciones extremas y priorizar las intervenciones más urgentes.
El proyecto cuenta con un presupuesto de más de 255.000 euros e incorpora una plataforma web que centralizará todos los datos recogidos, permitiendo disponer de una radiografía ambiental actualizada de los centros educativos.
Este despliegue se complementa con el protocolo de actuación ante episodios de calor, que establece cuatro niveles de alerta: verde, amarillo, naranja y rojo. Dependiendo del nivel, se aplicarán medidas que van desde cambios en los horarios y asignaturas hasta la suspensión de clases presenciales y su sustitución por formación online.
A pesar de estos avances, las organizaciones sindicales reclaman que aún queda mucho por hacer. Insisten en la necesidad de eliminar los barracones, reformar infraestructuras y acelerar un plan integral de adaptación al cambio climático en todas las escuelas canarias.